martes, 7 de enero de 2014

Lo que le dice una bombilla a otra

Me despertó lo que parecía ser un objeto animado con ganas de joder. Estaba tan cansada que ni siquiera me molesté en encender la luz de la mesilla de noche para exterminar e incrustar en la pared los restos viscosos de aquel ser. Sabía que, aunque me tapase hasta las fosas nasales, el bicho era capaz de atravesar las capas veraniegas que cubrían mi cuerpo. Hacía calor. Lo dejé estar. Volví a caer en las oscuras tinieblas de Freud.
Estaba allí de nuevo. No me quería dejar impresionar por el olor de su mirada. Sentí un sudor frío tal que pensé que se daría cuenta de la falsa seguridad que emanaban mis feromonas. En ese instante y por causa aún incierta, me pregunté por el significado de la palabra ‘escarpia’. Sí, tenía los pelos como tal. Todos, absolutamente todos. Incluso las cinco o seis glándulas sebáceas que existen por cada uno de nuestros pelos habían hecho erizar las raíces de esos vellos hace tres días depilados. La etimología es una de mis aficiones. Resultó ser que una ‘escarpia’ no es ni más ni menos que un clavo grande que tiene forma de gancho: algo simple pero muy seguro y efectivo para sujetar aquello que se cuelga. Sinónimo de nuestra voz de hoy es también la palabra "alcayata". ¿Por qué el dicho es así? No sé, quizás a algún albañil se le pusieron los pelos como escarpias cuando vio a David Bustamante (dícese ser del gremio, para quien no lo sepa… pobre, tuvo que sufrir mucho) cuando quedó tercero en Operación Triunfo. Perdón, corramos un estúpido velo.
Si tuviera que asignarle un color a lo que sentía cuando me miraba, sería el blanco o el negro, sin lugar a dudas. Me explico: cuando me miraba y acto seguido se correspondían palabras salidas de su boca dirigidas hacia mí, blanco (el color que todos los colores posee). Si por el contrario me miraba y durante ese día solo podía recordar ese acto insonoro, negro (el color que ningún color posee). ¿Romántica yo? Ni siquiera un osito rosa hecho de algodón de azúcar en cuya barriguita rece “Te quiero fleje” podría ser tan jodida y absurdamente sensible como yo… Eso sí, para evitar que estropeen a ese osito, lo meto en una cajita de zapatos (encerrada a cal y canto con código de seguridad y apertura retardada). Nota mental: no soy sensible tipo Alex Ubago. Ese pobre no vio películas Disney de pequeño.
Resiliencia. Ese sería el sustantivo perfecto para su mirada. Ojalá hubiese podido controlar el escenario onírico del que yo estaba siendo objeto. No hubiera dejado al color negro invadir mi cuerpo.
Y esta vez di gracias al mosquito por volverme a despertar. En ese momento comprendí que tenía una oportunidad al día siguiente para desterrar al negro de mi vida y ser YO la dueña del blanco. No esperaría a que me hablase, como cada día. Sería yo la que dijese ‘hola’ y, acto seguido, me di un golpe en el muslo y recé un padre nuestro por aquel bichito al que acaba de…


Carolina

No hay comentarios:

Publicar un comentario