Todo a mi alrededor ha sido diseñado única y exclusivamente con un
fin. Probablemente asista a un capricho alimenticio, a una actividad
lúdica o a la extraña, divertida y nueva tendencia que genera el poder.
Cada vez siento más miedo. ¿No es acaso el miedo el sentimiento más
innato, primitivo y natural del ser humano destinado a la supervivencia?
Me resulta extraño que aun pueda sentir miedo, ustedes sabrán por qué.
¿Cómo puedo añorar una experiencia que no he vivido? ¿Cómo puedo renegar
del progreso y del desarrollo?
¿En qué nos hemos convertido,
queridos humanos? ¿Por qué mi hermana desperdicia su vida ante una
pantalla que solo le muestra fotos en poses de dudosa seducción? ¿Está
realmente perdiendo el tiempo o se está socializando?
Una palomita acaba de pasar frente a la pantalla del ordenador en el que estoy escribiendo. Un grupo de chicas con Vans y All Star caminan
arreglándose el pelo. Podrían tener tanto 13 años como 18, no lo sé,
hoy en día ya no se distinguen. Esas caras son auténticos Picassos de L’oreal o de Max Factor,
que por lo visto está más de moda. Ayer me paré en Triana simplemente a
observar al ciego que vende números de la ONCE al lado de Calzados
Navarro. Se disponía a marcharse, y yo quería ver cómo lo hacía. Quería
verlo, ¿vale? Cosa que él no podrá hacer conmigo nunca. ¿Sentí lástima?
No, sentí admiración por él, por seguir ahí, viviendo.
¿Dando de
comer al Pou? ¿Jugando al “candy crush saga”? ¿Hablando de gilipolleces
en un grupo de what’s app? ¿Retwiteando un post? ¿Cómo sé todas estas
cosas que nunca he utilizado? Simplemente porque observo la corriente.
Un fuerte oleaje. ¿Por qué me siento tan sola? ¿Por qué me siento tan
jodidamente orgullosa de sentirme sola y no formar parte de esa mentira
en la que estamos viviendo? Bueno, quizás si formo parte, pero al menos
me doy cuenta, que ya es un paso. “Necesito un ipod”, “Necesito el nuevo
Smart phone galaxy”. Necesito, necesito, necesito. ¡Vaya una mierda!
Hace
poco me compré un ordenador nuevo. Me doy asco. ¿Para qué? ¿Voy a ser
más feliz? No no no no. Vivimos comparando, vivimos enganchados a un
cargador, vivimos por y para el consumismo, vivimos por y para las
empresas, vivimos para malvivir. ¡POR FAVOR! ¡Lo esencial es invisible a
los ojos! ¿Te has parado a pensar que ese móvil, ordenador, tablet o
mierda electrónica está programado para que se rompa dos semanas después
de que se le acabe la garantía? ¿Sabes de qué va la obsolescencia
programada? ¿Sabes de qué va el amor? ¿Sabes de qué va eso de sentirse
infravalorada? ¿Sabes algo? ¿No te das cuenta de que vives engañado?
Gente
que necesita la aprobación y la atención de los demás con un simple
“¡No me lo puedo creer! ¡He sacado un 10, matrícula de honor en
lengua!”. ¿Qué te sugiere? ¿Acaso no olvidarán en dos meses todo eso que
dicen haber aprendido y sacado un 10? Todo en esta vida puede ser
medible. Hasta esto que estoy escribiendo tendrá éxito o no según los
“me gusta” que obtenga. ¡Lástima que no tenga otro sitio donde
expresarme! Un periódico haría caso omiso de esto, y es que no le
interesa, porque ellos también juegan con nosotros. Nos manipulan. Nos
informan de lo que ellos quieren que sepamos, sutilmente nos meten
hormiguitas, conejitos, avestruces y elefantes en ese órgano que tan
estúpidos nos hace. ¿Pena por lo niños pobres? JÁ. Nos han convencido
para que tengamos esa idea. Vete a África, serás la persona más
desdichada de la Tierra al ver que a tu alrededor todo es nada. Que no
tienes tu cama, tu baño, tu certificado de matrículas de honor, tu
portátil, tu ipod con películas y música. Y sin embargo, verás también
que a tu alrededor la gente es feliz. Sí, feliz. Feliz porque no tienen
nada. No tienen nada material con lo que compararse. Son, en esencia,
humanos. Pero bueno, supongo que hasta eso hoy en día está
desapareciendo, porque estos pobres países se están convirtiendo en
vertederos de la basura electrónica de lo que algunos llaman “primer
mundo”. ¿No se han preguntado si toda esa radiación electrónica tiene
algo que ver con esa enfermedad llamada cáncer? Uhhh. Venga, ya estás
casi terminando de leer esto y casi empezando a olvidarlo.
Lástima
ver que creías en algo que era una ficción. Lástima ver cómo gente que
creías que estaba a tu lado en realidad nunca lo ha estado. Pero repito,
me siento orgullosa de mí misma.
Carolina
No hay comentarios:
Publicar un comentario